Las bicas de Camila

La inspiración de Camila

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Si vives en España, probablemente ya sepas lo que es una “__bica__”. Para quienes no conozcan la palabra, les cuento: son bizcochos dulces a base de mantequilla y nata (o crema), muy típicos de Galicia, región situada al noroeste del país.

Me llamo Camila, soy diseñadora gráfica, y me gustaría contarles una de las mejores lecciones que aprendí mientras trabajaba en una panadería gallega en el centro de Madrid.
En esa tienda se vendía de todo: pan, quesos, vinos, postres y otras confituras. Entre ellos, había dos o tres cajas de bicas gallegas, en formato pequeño, que se vendían individualmente. El problema era que la fecha de vencimiento estaba próxima, así que había que sacarlas cuanto antes. Para ello se ofrecían con una promoción tentadora: llévate dos y paga solo una.
En una de esas mañanas lentas, donde parecía que las horas no pasaban, estaba con mi compañera Mari. Por suerte, porque ella siempre le ponía energía a todo y me animaba cuando yo ya estaba cansada después de tantas horas de trabajo.

Para divertirnos un poco, nos propusimos un desafío: vender todas las bicas antes de la tarde. “¡Pan comido!”, pensamos. Sabíamos que pronto sería mediodía y entraría mucha gente a comprar su barra de pan, así que tendríamos bastante movimiento. La clave estaba en ofrecer la promoción a cada cliente que cruzara la puerta.
Llegó el primer comprador, pero dijo que no podía comer dulces. Luego entró una señora y rechazó la oferta porque no le gustaban. El adolescente que vino después apenas tenía el dinero justo para el pan. Pero la cuarta persona que entró dijo que sí, y se llevó dos.
Y así transcurrió la tarde: ofrecíamos las bicas a todo el mundo, probando siempre una frase diferente para convencer al siguiente. Tras varios “no”, llegaba un “sí”. Y de pronto, los “no” empezaron a volverse adictivos, porque sabíamos que cada negativa nos acercaba un paso más a la próxima venta.

El resultado fue que, antes de terminar la jornada, ya no quedaba ninguna caja. Imagínense qué habría pasado si al tercer “no” nos hubiéramos rendido. O si solo hubiéramos ofrecido la promoción a unos pocos clientes. Seguramente los bizcochos habrían terminado en la basura.

__Aprender a convivir con el NO__
El cuento puede sonar simpático, pero me dejó una enseñanza que todavía llevo conmigo: cada “bica” es una oportunidad. Y en el camino laboral, igual que en esa cafetería, hay que atreverse a ofrecerlas todas.
A mí me ha pasado muchas veces toparme con el rechazo: entrevistas de trabajo en las que no fui seleccionada, proyectos sin colaboradores, ideas que no despertaron interés. El “no” está siempre presente, y solemos vivirlo como un fracaso personal. Pero lo que me enseñaron aquellas confituras es que el rechazo no es un punto final, sino un paso intermedio.
Desde esa tarde, entendí que la oferta de las bicas se aplica a todo: enviar currículums, presentar ideas, conseguir clientes. No todos van a aceptar, pero lo importante es seguir con convicción.

__Creatividad frente a la dificultad__
Vender bicas no era difícil en sí mismo, pero la urgencia de la fecha de vencimiento nos obligó a ser creativas.
No bastaba con dejarlas en el mostrador y esperar. Había que probar distintas formas de ofrecerlas: con humor, simpatía, insistencia. Descubrí que cuando un plan no funciona, lo mejor no es abandonarlo, sino cambiar la estrategia.
Lo mismo ocurre en nuestro camino profesional. Cuando un plan no resulta como esperábamos y parece estancarse, muchas veces la salida está en reinventar la manera de ejecutarlo.

__La metáfora de las bicas__
A veces pienso que la vida está llena de bicas con fecha de vencimiento.
Oportunidades que se pierden si no nos atrevemos a sacarlas a la luz. Puede ser un talento, un proyecto, una idea que guardamos demasiado tiempo por miedo al rechazo.
La lección que me dejó aquella cafetería es que vale la pena arriesgarse. Aunque muchos digan que no, siempre habrá alguien que diga que sí. Y ese único sí puede marcar la diferencia. La perseverancia, la creatividad y la confianza en uno mismo son herramientas que sirven para cualquier camino laboral.

Por eso quería compartir esta anécdota: porque sé que todos, en algún momento, nos desanimamos después de escuchar un “no”. Mi invitación es a cambiar la mirada y entender que cada negativa puede ser la señal de que estás un paso más cerca del próximo sí.
Así como esas bicas se fueron una a una hasta vaciar las cajas, las oportunidades también llegan cuando insistimos en ofrecer lo que tenemos para dar. La clave es no guardarse nada: mostrarlo, compartirlo, insistir.

Texto: Camila. Diseñadora gráfica. Voluntaria en Inspiranza.
Imagen: Ana Belén. Diseñadora gráfica. Voluntaria en Inspiranza.

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