De pequeña en el colegio siempre fui una alumna responsable, cuando llegaba a casa hacía los deberes sin queja. Cuando pasé al instituto, comencé a estudiar porque era lo que “tocaba hacer”, sin cuestionarlo demasiado.
En España, en 4° de la ESO es cuando elegimos asignaturas que nos van dirigiendo al itinerario que más nos guste. En ese momento, yo lo hice por descarte, no tenía ninguna preferencia pero me costaba mucho estudiar asignaturas numéricas por lo que me alejé de las ciencias puras y me fuí haciendo camino en el área de humanidades y ciencias sociales, eligiendo las matemáticas más fáciles y huyendo de asignaturas como física y química.
### Elegir sin vocación
En bachillerato, a mis 16 años, llegó el momento de pensar que quería hacer después. __En ese momento seguía sin tener una vocación clara (y ahora lo pienso, es lo normal, somos muy pequeños para escoger algo que “será para el resto de tu vida”)__. Entonces, me agarré a una idea que me había llamado la atención de las clases de economía, el marketing. Esto me hizo entrar en la universidad a la carrera de Administración y Dirección de Empresas, ya que era el único grado donde podría profundizar en algunas asignaturas de esa temática.
### La idea de “universidad” se desvanece
Siempre había escuchado que en la universidad, por fin, estudias lo que te gusta, pero yo no lo viví así. El primer cuatrimestre fue lo de siempre, estudiar mucho, como venía haciendo en años anteriores. Venía de bachillerato y selectividad, las pruebas de acceso a la universidad y, aunque yo aun no lo sabía, después de varios años me dí cuenta que arrastraba aquí ya un desgaste de estudio bastante importante que desembocaría en algunos problemas de salud.
Y llegó febrero de 2020, pandemia del covid, han pasado ya 6 años y aún recuerdo quedarme frente a mi portátil con “clases” online y viendo todo lo que estaba ocurriendo. __La idea de vivir la experiencia de la universidad se desvaneció. __
Los años siguientes estuvieron marcados por estudiar en piloto automático y tratar de aprobar los exámenes. Había muchas asignaturas de finanzas y los números volvieron a cruzarse en mi camino poniéndolo todo aún más difícil. Llegué a odiar el grado universitario. __Esa niña que nunca había cuestionado porque tenía que estudiar, de repente, no quería estudiar más.__ Quise dejar la carrera en varias ocasiones, pero al no tener vocación no sabía a qué otros estudios cambiarme. Y gracias a mi familia no abandoné, pero decidí terminar a mi ritmo.
### Salirse del ritmo estipulado
Como necesitaba más tiempo para aprobar el temario, decidí ir matriculándome en menos asignaturas de las que se determinaban en cada año, esto hizo que poco a poco me fuera separado de mis compañeros iniciales pero me dio la oportunidad de conocer a otras personas y sus experiencias, parecidas a la mía. Además, me ayudó a convertirme en una persona independiente. Pienso que tener un grupo de compañeros es genial, pero saber navegar sola, tratar con distintas personas y conocer qué es lo mejor para ti es esencial para nuestro futuro.
Todos estos años de estudio se mezclaron con problemas de salud y también situaciones externas que llegan en el momento menos esperado y que me superaron. __Actualmente estoy entendiendo que la vida se trata de eso, de continuar junto a todas las dificultades. __
Finalmente, al elegir la cantidad de asignaturas que yo podía superar cada año, acabé la carrera en 5 años y medio, en vez de en 4 como lo “normal” del programa de estudios de mi grado. Sin elegir esta flexibilidad, la hubiera abandonado. Con esto defiendo __lo importante que es respetar el ritmo de cada persona, sin sentir que vas tarde o que no lo estás haciendo a la misma velocidad que los demás.__
### Graduada, perdida y reencontrándome
A finales del 2024 me gradué, pero la incertidumbre seguía y tenía la sensación de no haber aprendido nada. En mi grado, las prácticas de empresa se realizan en el último curso y mi experiencia fue un completo desastre. Después de estar años entre apuntes me di cuenta de que el mundo laboral no tenía nada que ver. En las universidades no nos enseñan a trabajar y me parece un punto importante conocer la realidad del trabajo.
Cuando más perdida estaba encontré el mundo del voluntariado y mi perspectiva cambió. Cuando te dan la oportunidad de poner en práctica todo lo que ni siquiera tú conoces que sabes hacer y donde tenemos un espacio en el que podemos conseguir la experiencia que nos exige el mercado laboral y que no nos dan.
__El voluntariado está siendo una parte muy importante en mi desarrollo__ ya que poder crear desde un espacio sin limitaciones, digamos en un lienzo en blanco, es valioso para conocerme a mí misma como futura profesional. Descubrir lo que puedo aportar, lo que me falta por aprender y lo que disfruto haciendo.
Gracias a que terminé ADE, tengo una perspectiva 360º de una empresa u organización lo que me da la visión estratégica que necesito para el marketing. Mientras estudiaba pensaba que no me iba a servir de nada, pero ese marco teórico que adquirí es de donde ahora inicio cada nuevo proyecto.
Con mi historia quiero trasladar que __si no te gustan tus estudios y sabes a qué quieres cambiar hazlo, pero si no lo sabes, sigue, aún perdida yo seguí.__ Sé que es difícil cuando tienes un temario delante, un examen próximo y no te gusta la materia pero a veces, tenemos que pasar por cosas que no nos gustan. Y, por experiencia propia te aseguro que llega el día que vas a valorar haber terminado tu formación, aunque no sea inmediato. __Y todas las dificultades y el esfuerzo, te preparan para las actividades demandantes que la vida te irá poniendo en el camino.__
A día de hoy, sigue sin ser todo bonito, me enfrento cada día a un mercado laboral bastante estricto, pero al menos tengo mucha más confianza en mí misma, en lo que sé hacer y teniendo claro que siempre puedes aprender lo que no sepas.

